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Santos Ángeles Custodios

Santos Ángeles Custodios

"Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida", señalaba San Basilio para referirse al ángel custodio. Esto quiere decir que Dios ha dispuesto para cada persona un ángel protector, con la misión de acompañarla y guiarla desde el momento de la concepción hasta la muerte. Por eso, es una santa costumbre que cada 2 de octubre recordemos y celebremos la Fiesta de los Ángeles custodios, nuestros guardianes.

Los ángeles custodios tienen la misión de acompañar a cada hom¬bre, mujer, niño y niña en el camino de la vida, cuidarlos de los peligros del alma y el cuerpo, protegerlos del mal y guiarlos por el camino de la santidad, a fin de que todos lleguen un día al cielo. El ángel de la guarda está siempre junto a cada persona en cualquier circunstancia, buena o mala; no se separa en ningún momento y la acompaña mientras la persona trabaja, descansa, se divierte, reza e incluso cuando le pide ayuda y cuando no se la pide.
Lo cierto es que tradicionalmente asociamos a los ángeles de la guarda con los niños, porque suponemos que ellos necesitan mayor protección que los adultos, pero no debe ser así, pues la persona crece y más tarde tendrá que enfrentarse a una vida de mayo¬res dificultades y tentaciones, por lo que el ángel custodio resulta de gran ayuda.
Para que la relación de la persona con nuestro ángel de la guarda sea eficaz conviene hablar con él y tratarlo como amigo, así llegará a ser un aliado fiel y poderoso. Debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues, junto con guiarnos y protegernos, él está muy cerca de Dios y le puede llevar directamente al cielo nuestras peticiones y necesidades.
Por eso, conviene estar conscientes de la presencia de nuestro ángel custo¬dio, demostrarle agradecimiento e in¬vocar su protección y su guía. Esto es algo que también tenemos que ense¬ñarles a nuestros pequeños con amor y devoción, junto con instruirlos en las verdades siempre válidas y eficaces de la doctrina católica y de la Palabra de Dios.

San Pío de Pietrelcina lo llamaba "mi amigo desde la infancia". Eran compañeros desde la niñez y compartían mucho durante el día. Conversaban a diario y se mantuvieron en contacto toda la vida. El Padre Pío estaba convencido de que siempre podía confiar en el apoyo de su amigo en todos los altos y bajos que hubo en su vida. ¿Quién era este amigo tan apreciado? Nada menos que su ángel de la guarda.

Podría parecer que las palabras de San Padre Pío son un poco ilusorias, pero la Iglesia nos enseña que cada uno de nosotros tiene un ángel custodio que nos acompaña a lo largo de toda la vida. ¡Incluso la Virgen María y todos los santos tuvieron sus propios ángeles de la guarda! Piensa en esto: Dios te ama tanto que te ha dado un ser celestial que te protege y te guía. ¡Así de grande es su anhelo de llevarte al cielo!

Tal vez uno se pregunte: Si esto es cierto, ¿por qué no escuchamos la voz de nuestro ángel? ¿Por qué no lo vemos? Pues es lo mismo que con nuestra relación con el Señor. Desarrollar una relación con tu ángel de la guarda significa aprender a "percibir" su presencia invisible y constante.
De la misma forma en que le hablas a Jesús en tu corazón y tratas de discernir su voz en el pensamiento y la imaginación, así también puedes hablar con tu ángel custodio. Si te hace falta sabiduría, puedes pedirle a él que interceda por ti o te ayude a dilucidar cualquier problema difícil. También puedes pedirle que te cuide cuando tienes que afrontar una situación difícil o desconocida. Y si sientes una repentina inspiración cuando tomas una decisión o tratas de discernir qué camino seguir, bien podría ser que tu ángel guardián te esté ayudando en lo que necesitas.

"Invoca a tu ángel de la guarda", decía el Padre Pío, "pues él te guiará." Él solía hablar con su ángel con la fe de un niño, y así descubrió que tenía un amigo celestial que lo guiaba y lo protegía. Hoy, en el día en que honramos a los ángeles custodios, ¿por qué no dedicas unos minutos a hablar con tu ángel? Pídele la ayuda que necesites y verás lo que sucede. Solo hace falta actuar con fe y sencillez. Él está siempre atento a lo que le pidas y deseoso de ayudarte, sobre todo en tu caminar hacia la salvación.

"Padre celestial, gracias por darme un ángel que me protege y me guía."

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