Pulsera colorida de la Virgen Milagrosa


Las cuentas en cristal, la medalla y los diseos hacen de esta pulsera una obra... Lea más


$14.95


Compre Ahora

Home | Noticias | La Asunción de María Santísima


La Asunción de María Santísima

La Asunción de María Santísima

La experiencia del misterio aceptado por la fe en el Dios de la promesa, en el Dios de la fidelidad, en el Dios que es Veraz; María, la mujer que cree nos deja el alegre testimonio del creyente que se siente salvado porque se sabe amado por su Creador. El amor a Dios vivido en la fidelidad diaria, nos acerca cada vez más al sueño real que nuestro Padre tiene sobre nosotros.

Esta verdad debe manifestarse con todo su esplendor y con particular fuerza en este tiempo de tantas tribulaciones. No son pocas las dificultades que enfrentamos en el mundo, en los países, y en cada una de nuestras familias. Muy bien podemos decir junto con San Pablo: "Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados." (2 Co. 4, 8-9).

Con ocasión de la celebración en la liturgia de la Asunción de María, la Iglesia Madre y Maestra nos invita a la alegría. Nos llama a levantar la mirada hacia lo alto, hacia las realidades espirituales que son percibidas no por la carne sino por el alma que ha aprendido a ver y escuchar en obediencia la voz delicada de Dios que habla.

La fidelidad da lugar a la alegría. La aceptación en la fe de la voluntad de Dios, por cierto, a veces incomprensible, tienen el poder de ensanchar el corazón para recibir en mayor medida el amor que en mayor medida nos será dado. Nuestra Madre es el reflejo luminoso en el que podemos sentirnos identificados y animados a caminar en la entrega confiada a la voluntad de Dios que dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman. Ella hace la experiencia de Salvación porque el Poderoso ha obrado grandes cosas.

Todo esto se contiene en la declaración del dogma proclamado por el Papa Pio XII el 1° de noviembre de 1950 por la bula "Munificentissimus Deus" que dice así:

"Pronunciamos, declaramos y definimos que es dogma revelado de fe católica que la Inmaculada Madre de Dios siempre Virgen María, concluido el tiempo de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la celeste gloria".

Ser llevada se dice en latín "assumi", de donde procede el término "Asunción", de significado pasivo, para distinguirla de "Ascensión" que tiene significado activo, y es el mismo Jesucristo, quien "subió" a los cielos por propia virtud, mientras que María fue "llevada".

Dos significados

La Asunción de María tiene dos significados: el uno es negativo, en cuanto supone que su cuerpo santísimo no sufrió la corrupción del sepulcro; y el otro positivo, que significa la glorificación del mismo cuerpo, la cual supone a su vez la resurrección anticipada.

La Iglesia profesó desde los primeros siglos la fe en la Asunción de María Santísima en cuerpo y alma a los cielos. Esto lo podemos probar por la liturgia desde el principio y por los documentos de los Padres y Doctores de la Iglesia. La fiesta de la Asunción se celebraba ya el 15 de agosto por los años 500 de nuestra era.

Espiritualidad de María

En el Magnificat (Lc. 1, 46-55) encontramos la espiritualidad de María, que condensa en pocas palabras los ingredientes de un camino recto para el que está buscando un rumbo hacia Dios:

♦Alabanza de la grandeza de Dios
♦Humildad ante la presencia de Dios
♦Reconocimiento de las obras de Dios

Alabemos a María porque el camino que nos invita andar ha sido transitado por Ella, sin cambiar de rumbo, aunque llevara hacia la Cruz del dolor. Se dice que antes de concebir al Señor en su Seno, María lo había dado a luz en su Corazón. Con la presencia del Señor en nosotros somos capaces, como Ella, de atravesar oscuras quebradas sin temer ningún mal porque Él está con nosotros.

Desde el Cielo, María Asunta allí en cuerpo y alma, nos llama a participar plenamente en la victoria de Su Hijo sobre el pecado y la muerte; y a reinar con Él. Aspiramos, por nuestra vocación de hijos adoptivos del Padre y miembros del Cuerpo de Cristo, a poseer todas las promesas. Mientras peregrinamos, la gran señal es la "Mujer vestida de sol y coronada de estrellas". Está allí en lo alto para que nada ni nadie pueda ocultar su resplandor. María es esa Estrella Brillante que no nos permitirá permanecer en la oscuridad de las dificultades o en las tinieblas que dispersa el mundo. Hay un glorioso futuro que nos llama y se nos ofrece por pura gracia.

Dice el Papa Francisco en este sentido: "Esta esperanza, que nos ofrece el Evangelio, es el antídoto contra el espíritu de desesperación".

Evangelizar es llevar alegría

Nuestro Padre, el beato Jorge Matulaitis fiel hijo de María, nos enseña en su diario espiritual: "Yo, que tiendo a la perfección y que aspiro a la santidad, no puedo olvidar que también debo ocuparme de la santificación de los otros, para poder atraerlos hacia Dios y ejercer una buena influencia sobre ellos. Deberíamos empezar este esfuerzo con aquellos más cercanos a nosotros; nuestros hermanos de comunidad y con aquellos que habitan en nuestra casa..."

Los que vivimos la fe y hemos conocido el amor de Dios, por pura gracia y misericordia, debemos predicar la verdad, es decir anunciar a Cristo el Señor que vivió, murió y resucitó. Por eso un discípulo siempre está en misión. Siempre y de todas formas busca llevar el testimonio del Resucitado a sus hermanos. Nunca encontraremos un santo o santa de Dios que no haya gastado su vida entera en ser manifestación viva de Jesús.
Esta experiencia es un nacer de nuevo, una "metanoia", es decir una transformación tal del ser que, como aconteció en María Santísima en grado superlativo, nos atraviesa también a cada uno de nosotros.

La misericordia, que es el amor de Dios transformante y santificante, nos revela la verdad de nosotros mismos y de Dios. Es esa misericordia, la que obró grandes cosas en la Virgen, también ha obrado en nosotros y quiere hacerlo en cada ser del mundo entero. María, ahora en cuerpo y alma desde el Cielo, nos anima a vivir en obediencia y fidelidad a Dios para que también nosotros recibamos la gloria que el Padre tiene preparada para aquellos que le aman.

"En la contemplación de la Virgen María se nos ha dado otra gracia: la de poder ver en profundidad también nuestra vida. Sí, porque también nuestra existencia cotidiana, con sus problemas y sus esperanzas, recibe luz de la Madre de Dios, de su recorrido espiritual, de su destino de gloria: un camino y una meta que pueden y deben convertirse, de alguna manera, en nuestro mismo camino y nuestra misma meta"

También agrega en otro párrafo: "Cada vez que hablamos de María, de alguna manera, también estaremos hablando de nosotros, de cada uno de nosotros. También somos destinatarios de este amor inmenso que Dios ha reservado- de una manera única e irrepetible- para María. Ella nos conduce a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a Su Hijo; no perder la amistad con Él, sino dejarnos iluminar y guiar por su palabra; seguirlo cada día incluso en los momentos que sentimos que nuestras cruces se hacen más pesadas. (Benedicto XVI. Homilía 15/8/2011).

Como vemos, la gran encomienda del Señor a sus apóstoles al final del Evangelio de Mateo: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos", sigue vigente y es tremendamente actual. No dejamos de ser sal, levadura, luz y eco del Salvador que quiere que todos los hombres se salven y lleguen a la plenitud de la verdad.

Sabemos de las dificultades del camino, de las trampas y acechanzas del enemigo. Pero también sabemos que "Si Dios está con nosotros ¿Quién estará contra nosotros?" (Rom. 8, 31).

Padre Dante Agüero, MIC

Be a part of the discussion. Add a comment now!