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Domingo de la Divina Misericordia, el primer Domingo después de Pascua.

Domingo de la Divina Misericordia, el primer Domingo después de Pascua.


La Fiesta de la Divina Misericordia ocupa el primer lugar entre todos los elementos de la devoción a la Divina Misericordia solicitada por nuestro Señor a través de santa Faustina María Faustina del Santísimo Sacramento. La voluntad del Señor respecto al establecimiento de esta Fiesta fue manifestada desde sus primeras revelaciones sobre esta Fiesta. De hecho, Jesús mismo le dictó las intenciones de cada día de la Novena que Él deseó que se celebre como preparación para la observancia solemne de esta Fiesta. En una ocasión luego de que Jesús insistiera sobre lo siguiente: Haz todo lo que está en tu poder por la obra de Mi misericordia, y añadió: Mi corazón se regocija de esta Fiesta.

El deseo explícito de Nuestro Señor es que esta Fiesta se celebre el primer domingo después de Pascua. En ocho revelaciones Él une la Fiesta a este domingo en particular (Diario. 49,88,280,299,341,570,699 y 742). También se refiere implícitamente a una conexión entre esta Fiesta y ese domingo en otras ocasiones registradas en el Diario de santa Faustina (Diario, 420, 89).

El "Primer Domingo después de Pascua," designado en la Liturgia de las Horas y la celebración Eucarística" como la "Octava de Pascua," fue nombrado oficialmente como Segundo Domingo de Pascua después de la reforma litúrgica del Vaticano II. Ahora, por decreto de la Consagración del Culto Divino y Disciplina de los sacramentos, el nombre de este día litúrgico ha sido modificado a "Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia."

El Papa Juan Pablo II anuncio este cambio en Su homilía durante la canonización de Sor María Faustina el 30 de abril del 2000. Ese día declaró: Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este Domingo Segundo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de Domingo de la Divina Misericordia.

Con las palabras que acojamos íntegramente el mensaje, el Santo Padre se refiere a la relación estrecha entre el Misterio Pascual de la Redención ??" la Pasión, la Muerte, la Sepultura, la Resurrección y la Ascensión de cristo seguido por el envío del Espíritu Santo, y esta Fiesta de la Divina Misericordia.

Su Santidad también dijo al citar el salmo responsorial de la liturgia: "Den gracias al Señor porque Él es bueno, porque es eterna Su misericordia."

Así canta la Iglesia de la Octava Pascual, casi recogiendo de labios de Cristo estas palabras del Salmo que en el Cenáculo da el gran anuncio de la Divina Misericordia y confía Su ministerio a los Apóstoles: "Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envió yo, (...) Reciben el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados les quedaran perdonados; a quienes se los retengan les quedaran retenidos" (Juan 20,21-23).

Lo que el Santo Padre continúa diciendo aclara por qué Jesús insiste en que la imagen sagrada de Él mismo como la Divina Misericordia debe ser venerada en todo el mundo en conexión con la observancia de este Domingo (cf. Diario, 49,88,299,341,570,742). Su Santidad dijo: "Antes de pronunciar estas palabras, Jesús muestra Sus manos y Su costado, es decir, señala las heridas de la Pasión, sobre todo la herida de Su corazón, fuente de la que brota la gran ola de misericordia que se derrama sobre la humanidad. De ese corazón Sor Faustina Kowalska, que a partir de ahora llamaremos santa, verá salir dos haces de luz que iluminan el mundo: los dos rayos, le explico Jesús Mismo, significan la Sangre y el Agua (Diario, 299). ¡Sangre y agua! Nuestro pensamiento va al testimonio del evangelista San Juan, quien, cuando un soldado traspasó con su lanza el costado de Cristo en el Calvario, vio salir "Sangre y agua" (Juan 19,34). Y si la sangre evoca el sacrificio de la cruz y el don eucarístico, el agua, en la simbología joánica, no sólo recuerda el bautismo, sino también el don del Espíritu Santo (cf. Juan 3, 5; 4,14;7, 37-39).

La Divina Misericordia llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: Di, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia Misma (Diario, 1074). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la trinidad, es la Persona- Amor. Y ¿acaso no es la Misericordia un "segundo nombre" del amor (cf Rico en Misericordia, 7). ¿Entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad de perdón?"

De esta enseñanza del santo Padre, en ocasión solemne al "proponer a toda la Iglesia, como don de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de Sor Faustina Kowalska" podemos deducir que el momento más oportuno, el más acertado, para honrar solemnemente la Divina Misericordia es inmediatamente después de Pascua de Resurrección y recordar que Cristo obtuvo nuestra redención.

San Agustín llamaba a los ocho días de Pascua (que para la Iglesia litúrgicamente constituye un solo día ??" día de la nueva creación) "días de misericordia y perdón." Además, llamaba a esta Octava de Pascua (que nuestro Señor le insistió a Santa Maria Faustina que es la Fiesta de la Misericordia, Diario,88) "el resumen de los días de misericordia, Diario, 88) "el resumen de los días de misericordia" (Sermón 156, Dom. In Albis).

Para observar la Fiesta de la Misericordia apropiadamente, deberíamos:

1.- Celebrar la Fiesta el primer domingo después de Pascua.

2.- Arrepentirnos sinceramente de todos nuestros pecados.

3.- Confiar por completo en Jesús

4.- Confesarnos preferiblemente antes de este domingo.

5.- Recibir La Santa Comunión el día de la Fiesta.

6.- Venerar* la imagen de la Divina Misericordia.

7.- Ser misericordiosos con los demás a través de nuestras acciones, palabras y oraciones.

* Venerar una imagen sagrada o una estatua, quiere decir hacer algún acto o demostración de profundo respecto religiosos hacia ella por la persona a quien representa, en este caso a nuestro Misericordiosísimo Salvador.

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