Bolso de tela ton la imagen de la Divina Misericordia


Lleve con usted a todas partes la Divina Misericordia, portando este elegante... Lea más


$11.95


Compre Ahora

Home | Noticias | La Divina Misericordia desde la Sagrada Escritura.


 La Divina Misericordia desde la Sagrada Escritura.

La Divina Misericordia desde la Sagrada Escritura.



Para hablar de la Divina Misericordia y comprender quien es la Divina Misericordia, es necesario tener en mente un fundamento bíblico, una base que haga sólido el mensaje y la devoción a la Divina Misericordia que le fue comunicada a nuestra hermana, Santa María Faustina Kowalska.

Es muy importante aclarar el significado etimológico de Misericordia se compone de dos vocablos: miserere que significa ayuda gratuita y cardia que significa corazón y divina porque sabemos que procede de dios. Ahora podemos entender la expresión Divina Misericordia como: ayuda gratuita de Dios en la necesidad física y moral de nuestro corazón para sacarnos, liberarnos del pecado, de las tinieblas, del mal...

Si hemos entendido significado etimológico entonces ahora podemos decir que Dios es la Persona que se inclinan al corazón que está en la miseria, en el pecado, en las tinieblas, en la muerte. Por lo tanto, también podemos comprender como a través de la historia de la salvación se manifiesta una historia de la Misericordia Divina para con el hombre.

Las alianzas que Dios hace con el hombre, son alianzas de amor, de salvación, de misericordia. (cf. La alianza con Noé: Génesis 6, 1-8; 9, 1-17; con Abraham: Génesis 15, 1; 17ss; con Moisés: Éxodo 6, 2-13;19-24; Levítico 26). Estas alianzas que Dios hace son signos de amor para sus hijos, es la inclinación amorosa de Dios para sus criaturas, para su pueblo, para así rescatarlo de la miseria del pecado y protegerlo con su gracia y llenarlo de bendiciones. La peculiaridad de todas las alianzas es una bendición porque que sin bendición no sería una verdadera alianza.

Pero estas alianzas preparan y prometen una bendición eterna, es decir, una Nueva y Eterna Alianza, que la ley y las profetas en todo el Antiguo Testamento vienen preparando.

"Entonces pasó el Señor por donde estaba Moisés clamando: El Señor, es un Dios clemente y compasivo, paciente, lleno de amor y fiel." (Éxodo 34, 6; cf. Éxodo. 34,8-9).
Luego vengan y discutamos- dice el Señor ??" aunque sus pecados sean rojos como la escarlata, Dios los deja blancos como la nieve... (Isaías 1, 18). "El Señor es clemente y compasivo, paciente y rico en amor." (salmo 144,8).

La Sagrada Escritura en todo el Antiguo Testamento nos prepara para recibir la Nueva y eterna Alianza es decir a Jesucristo. El Nuevo testamento nos dice: "Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley de la ley y hacer que recibiremos la condición de hijos adoptivos de Dios. Y la prueba de que ustedes son hijos es que Dios envío a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que grita: "Abba" es decir, "Padre," de modo que ya no eres siervo, si no hijo, y como hijo también heredero por la gracia de Dios" (Gálatas 4, 4-7).
De modo que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica No. 65); "quien lo ve a Él, ve al Padre" (cf. Juan 14,9).

En las enseñanzas de Cristo está presente la imagen misericordiosa de Dios, heredada el Antiguo Testamento (cf. Salmo 144, 8); pero Él, el ungido por el Espíritu Santo (cf. Lucas 4, 18-19), la simplifica, la profundiza, la lleva a plenitud (cf. Lucas 15, 11-32).
La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia Cf. Catecismo de la Iglesia Católica No. 737), que es Cristo, signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, y que tiene la misión de hacer que todos los hombres consigan la unidad completa (cf. Lumen Gentium, No 1).
La Iglesia es consciente de que nada necesita el hombre como la Divina Misericordia: "ese amor que quiere bien, que compadece, que eleva al hombre por encima de su debilidad, hacia las infinitas alturas de la santidad de Dios" (Juan Pablo II, Cracovia, Polonia, 17 de junio de 1997).

Después de esto, seguramente sigue permaneciendo en nosotros la duda con las revelaciones de Santa María Faustina Kowalska, pero, no olvidemos que "la economía cristiana, por ser alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra relevación pública antes de la manifestación gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo." De modo que, aunque la revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido a través del tiempo.

A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas," algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de mejorar o complementar la revelación definitiva de Cristo, si no la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiando por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes "revelaciones" (cf. Catecismo de la Iglesia Católica No. 67).

Así pues, podemos concluir que las revelaciones de Santa María Faustina Kowalska con una ayuda para que reconozcamos a Jesús Misericordioso, lleno de amor, que se hace hombre como nosotros para rescatarnos de la muerte y darnos la vida eterna. Y para manifestar al mundo actual, que Jesús nos sigue llamando a vivir entre nosotros, la Divina Misericordia.

Be a part of the discussion. Add a comment now!